Estamos asistiendo a un cambio de óptica sobre las emociones, ya que hasta ahora habían sido consideradas negativas. Históricamente, se ha distanciado la emoción del pensamiento. En la actualidad esta concepción ha cambiado y se valoran las emociones como “seductoras” para conseguir algo del otro. Un ejemplo evidente de esto es el uso que de ellas hace la publicidad. Las emociones provocan el deseo de satisfacer necesidades o anhelos, provocan la acción. Las emociones son también mecanismos de regulación y de adaptación al medio. El conflicto es el fruto de la singularidad de cada uno. Educar las emociones las convierte en positivas. No controlar las emociones, no conocerlas, no encauzarlas puede dañar la convivencia y afectar profundamente al sujeto. La neurociencia ha demostrado la comunicación existente entre el hecho del “pensar” y del “sentir”.
Emoción y pensamiento están vinculados.
Ciertamente, cuando una persona recibe afecto da afecto y cuando recibe violencia da violencia, salvo que intervenga la educación. La inteligencia emocional se puede educar al igual que se educa la lógica-matemática. Una educación emocional exige trabajar la empatía (capacidad de una persona de vivenciar la manera en que siente otra y de compartir sus sentimientos) y la autoestima (forma en que las personas se sienten con respecto a sí mismas y como se valoran. Pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que tenemos a lo largo de nuestra vida).
Un trato continuado de desprecio nos genera una idea negativa de nosotros mismos.
Educamos para el mundo que queremos y no para el mundo que tenemos. Educar en valores que sean comprendidos por las diversas doctrinas del bien. Debemos encontrar unos mínimos compartidos por todos los ciudadanos. Destacó el valor de la autonomía humana y la necesidad del acuerdo.
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